Producción de alfalfa
Gracias a su alto valor nutricional y amplia capacidad de adaptación, la alfalfa es un cultivo agrícola estratégico que se encuentra entre las principales plantas forrajeras preferidas a nivel mundial. Aunque tradicionalmente se ha utilizado en forma de heno seco, su evaluación y uso como ensilaje también se están generalizando rápidamente y adquiriendo mayor importancia.
La alfalfa es una planta forrajera perenne capaz de equilibrar su necesidad de agua mediante su profundo sistema radicular, resistir condiciones climáticas adversas y adaptarse rápidamente a distintos entornos. Su estructura robusta le permite tolerar tanto olas de calor como periodos de bajas temperaturas. Puede crecer de manera saludable en muchos tipos de suelo, salvo los naturalmente ácidos. Además de numerosas vitaminas en su composición, también contiene minerales esenciales que favorecen el desarrollo vegetal y la nutrición animal.
En la agricultura, la alfalfa se emplea no solo como fuente de alimento, sino también como un elemento biológico de mejora del suelo, fortaleciendo sus propiedades físicas y químicas. Sus raíces, que pueden alcanzar profundidades de 2 a 3 metros, transfieren eficientemente agua y nutrientes desde capas más profundas, creando una reserva natural de nitrógeno y materia orgánica para los cultivos de raíz superficial que se sembrarán en la siguiente temporada. De este modo, deja un entorno de cultivo más productivo para los cultivos que le suceden.

PREPARACIÓN DEL SUELO
Es muy importante que el campo donde se realizará la siembra de alfalfa cuente con un sistema de drenaje equilibrado que evite la acumulación de agua. Una superficie nivelada y adecuadamente refinada es un factor determinante para el desarrollo saludable del cultivo a largo plazo. Si la producción se planifica en terrenos con pendientes pronunciadas, el terreno debe ser primero aterrazado y luego nivelado. Dado que las plántulas de alfalfa crecen más lentamente que muchas otras especies, el campo debe limpiarse de malezas antes de sembrar y la compactación del subsuelo debe eliminarse utilizando equipos subsoladores. Debido a que el lecho de siembra debe ser pequeño y sensible, después del arado se recomienda preparar el lecho ideal mediante rastra de discos o arado de cincel. Si el pH del suelo es inferior a 6,5, se debe aplicar una suplementación de cal en proporciones adecuadas según la condición del terreno.
|
pH |
Cal necesaria (kg/hectárea) |
|
4.8 |
1750 |
|
5.2 |
1500 |
|
5.5 |
1250 |
|
5.8 |
1000 |
|
6.1 |
750 |
|
6.4 |
500 |
|
6.5 |
0 |

SIEMBRA
Los factores más críticos en la decisión del momento de siembra son la temperatura del suelo y el nivel actual de humedad (tempero). La alfalfa generalmente se siembra en dos temporadas: La siembra de otoño debe realizarse al menos 4 semanas antes de la primera helada (septiembre–octubre), mientras que la siembra de primavera se efectúa después de la última helada y al menos 4 semanas antes del final de las lluvias. Para campos de hasta 5 hectáreas puede utilizarse la siembra al voleo, pero en terrenos mayores se recomienda el uso de sembradora (mibzer). En la siembra en hileras, una separación de 15 a 20 cm entre líneas y una profundidad de 0,5 a 2 cm son adecuadas. Una dosis de semilla de 2 a 2,5 kg por hectárea se considera ideal. Después de la siembra, una ligera presión con rodillo ayuda a fijar la semilla y fortalecer la emergencia. Las aplicaciones de nutrientes deben planificarse según las necesidades de nitrógeno y fósforo.
PERIODO POST-SIEMBRA
El fortalecimiento del suelo con contenido orgánico ofrece una gran ventaja para la sostenibilidad del rendimiento a largo plazo. Si el acceso a fertilizante natural es limitado, se recomienda aplicar 28 kg de Triple Super Fosfato por hectárea durante la preparación del suelo y 12 kg de Nitrato de Amonio (26% N) durante la siembra. En el primer año, el rendimiento de forraje verde puede ser limitado, pero el rendimiento de ensilaje crece en los años siguientes. A partir del segundo año, la aplicación de 15 kg de DAP por hectárea entre diciembre y febrero ofrece beneficios. Además, la aplicación de 8 a 10 kg de Nitrato de Amonio por hectárea después de cada corte, seguida de riego, favorece la productividad.
CUIDADO Y RIEGO
La formación de costra superficial tras la siembra es uno de los factores de riesgo que afectan directamente a la brotación y debe romperse utilizando un rodillo ligero con dientes. El control de malezas en áreas pequeñas puede realizarse mediante escardado, mientras que en parcelas más extensas, el primer corte debe realizarse anticipadamente como “corte de limpieza” para reducir la presión de malezas. El riego puede planificarse en 2 rondas: 7 días antes y 7 días después de cada corte.
MOMENTO DE COSECHA
El periodo en el que la alfalfa alcanza su máxima eficiencia proteica es la fase fenológica en la que el 10% del campo está en floración. La cosecha en esta etapa proporciona el máximo beneficio tanto en calidad como en cantidad de forraje verde. Mantener la altura correcta de corte es esencial para evitar daños en los rebrotes. Dependiendo de la región, una altura de rastrojo de 5 a 10 cm es adecuada, pero en el último corte antes del invierno, se deben dejar 15 cm de rastrojo. La compactación del suelo causada por el tráfico excesivo, especialmente en condiciones húmedas, puede afectar negativamente al equilibrio de aireación del suelo. Se recomienda la cosecha en las primeras horas de la mañana o al atardecer, cuando la temperatura es más fresca.
RENDIMIENTO
El rendimiento más alto de producción de heno en campos de alfalfa suele observarse en la tercera temporada. En los años siguientes, el rendimiento puede variar dependiendo de la consistencia en las prácticas de arado, riego y apoyo nutricional. Bajo condiciones de riego adecuadas, la producción anual de heno seco puede alcanzar niveles de 1200–1800 kg por hectárea. El rendimiento promedio de forraje verde es de 1 tonelada por hectárea, y su conversión a materia seca es de aproximadamente 250 kg.
